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Imagen:https://www.miradorprovincial.com/ |
Las
inconsistencias en la gestión de crisis de deuda tienen un alto costo; más aun,
cuando en vez de brindar certidumbre se evidencian gruesas fallas de
comunicación. Sin reducir miedos, los resultados no serán favorables. Stephen
Covey señala que toda recesión económica provoca una recesión psicológica.
Aunque todo diferimiento en el pago de un bono no necesariamente es un default,
señala la falta de rumbo en momentos en que las circunstancias exigen reducir
temores. Estos precedentes como el que sucedió días atrás con la provincia de
Buenos Aires y su intento fallido de posturas duras hacia los tenedores del
bono (BP21) mal predisponen al mercado a una negociación. Debería dejarse
cierta prepotencia para otros menesteres, el terreno ideológico blande armas
que son invulnerables a la economía. La falta de compradores de bonos o la
postergación de una emisión por falta de interesados, es una clara señal de la
falta de confianza, raíz de todo crecimiento en un mercado. La consigna que el
gobierno sostiene en cuanto a que “…no
dejara que se tome de rehén a la sociedad argentina...” más que sensatez, demuestra
la ausencia de una dirección clara. El tema no pasa en pagar o no la deuda,
sino por el sistema económico en el que se quiere vivir, hay una gran fractura
en la sociedad. Se debe decidir si se quiere cohabitar en un sistema económico
de mercado o uno socialista; gran parte elige este último, lo que significa depender del Estado en todo, desde la salud,
la educación, el trabajo y los subsidios de toda naturaleza. Otra porción, es la que contribuye con sus impuestos y soporta el
crónico déficit fiscal, la cual quiere un Estado saneado, disciplinado congruente
con una República. Elegir ambos sistemas es incompatible, los resultados están
a la vista.. La morosidad de las empresas privadas para pagar a los bancos fue
récord en Diciembre y las perspectivas para el año 2020 no son mejores. El
default de una empresa como Vincentin en Santa Fe, puede producir un efecto
cascada a partir de múltiples cesaciones de pagos en todos los eslabones de la cadena
de valor productivo y comercial. Eso agrava la crisis de todo cordón industrial.
Resulta entonces que debe gestionarse la incertidumbre no solo en el plano de deuda pública, sino
también de deuda privada. Cuanto más tiempo se demore un equipo de crisis en
solucionar el primero, peores serán las consecuencias en el segundo, dado el
contexto recesivo que atraviesa el país. La reducción de la confianza ralentiza
todos los procesos y aumentas los costos para los ciudadanos.